Equivócame
Toma mis manos y besa mi frente
Y mis labios, y mi cuello.
Mírame a los ojos y construye silencio
Y dime al oído que continúe
Y deja que mis manos te exploren, te sepan
Y bésame
Ingresa sin permiso, sin modales
No permitas que te detenga ni que esquive tu mirada
Déjame sin palabras y sin aire
Y luego, vuelve a equivocarme,
Y no me dejes escapar de tus abrazos
Y duérmeme, cada noche, a tu lado.
domingo 16 de agosto de 2009
sábado 20 de junio de 2009
Te imagino
A veces te imagino recostado en mi cama soñando despierto
Y me miras y me besas y sonríes
Y suspiro, porque me falta el aire
Como cuando besas mi cuello por detrás de la oreja
Y logras que deje de hablar
Y que me olvide…
Que me olvide de todo lo que quería decirte…
Incluso lo mucho que añoro verte recostado
soñando sueños que sean nuestros...
Y me miras y me besas y sonríes
Y suspiro, porque me falta el aire
Como cuando besas mi cuello por detrás de la oreja
Y logras que deje de hablar
Y que me olvide…
Que me olvide de todo lo que quería decirte…
Incluso lo mucho que añoro verte recostado
soñando sueños que sean nuestros...
miércoles 15 de abril de 2009
Reencuentro
Ella corría con todas sus fuerzas. Buscaba recuperar su amor, abrazarlo, reencontrarlo, retenerlo. Corría casi desesperadamente y segura en cada uno de sus pasos.
Él corría, sin detenerse, sin mirar a los costados. Seguro de encontrarla allí, como siempre, esperando, esperándolo.
Invirtieron todas sus esperanzas en el encuentro. Iban hacia el mismo lugar, con las mismas ganas, los mismos sueños, el mismo amor.
Iban hacia el mismo lugar y llegaron justo a tiempo, en el momento exacto para cada uno.
Hubiera sido, así, una vez más. Pero cuando cada uno estuvo no se encontraron, no se vieron, no se cruzaron.
Él corría, sin detenerse, sin mirar a los costados. Seguro de encontrarla allí, como siempre, esperando, esperándolo.
Invirtieron todas sus esperanzas en el encuentro. Iban hacia el mismo lugar, con las mismas ganas, los mismos sueños, el mismo amor.
Iban hacia el mismo lugar y llegaron justo a tiempo, en el momento exacto para cada uno.
Hubiera sido, así, una vez más. Pero cuando cada uno estuvo no se encontraron, no se vieron, no se cruzaron.
martes 11 de noviembre de 2008
Lo que dijeron en invierno... y en primavera...
"tenías 50 en un cuerpo de 25"
"el mejor invento son los gricesitos"
"y me dijo 'ponele que...' y me encantó, porque eso significaba que pensó en la posibilidad"
"y le comiste la reina!"
"un lugar donde hay tipos buenos tiene onda... no importa el lugar..."
"es como que les importa más la posesión de la persona que la relación de pareja..."
"'Él' podría ser la excepción de mi regla..."
"no es así: los bichos no se comen..."
"para tener sexo no me hace falta amor, pero sí algo de química..."
"las personas somos como el helado de limón: estamos hechas para gustarle sólo a un determinado tipo de gente..."
"sólo pido que se bañe..."
"aguardamos conexión"
miércoles 5 de noviembre de 2008
Hoy...
Todavía te llevo en mi guitarra, y te toco.
Y todavía haces música para mis oídos
Incluso en ocasiones, todavía desafinas…
miércoles 29 de octubre de 2008
Del amor y el desamor...
Sucedió en los tiempos en que por fin estaba rehaciendo su vida, que Andrés conoció a Analía.
En esa misma época y desde hacía unos años, Analía salía con José, el hombre al que amaba con toda su alma.
Por esos tiempos y durante casi toda la vida de ambos, José y Lucrecia eran novios, amigos, amantes, pareja, y dentro de poco marido y mujer.
Lucrecia amaba a José desde siempre. Él había sido su único hombre, tan sólo porque con él bastaba. Él la llenaba por completo, a su lado no precisaba de nadie más.
En algún momento de su envidiable relación, José conoció a Analía, y fue víctima de su dulzura y simpleza, de los aires de vida eterna que emanaban de su ser. No pudo evitar enamorarse de ella, aunque tampoco pudo lograr dejar de amar a Lucrecia.
Analía conocía las reglas del juego. Nunca se había quejado, nunca le hizo falta. Por lo general le bastaban las sobras del tiempo de la otra relación, y cuando no era así, sólo dejaba pasar los días.
Cuando Analía conoció a Andrés, comenzó a cuestionarse las bases del amor, a exigir tiempos y partes. Encontró a un hombre que le daba todo lo que necesitaba y aún más. Lejos de conformarse con eso, necesitó que José le diera todo aquello que para ella era absoluta novedad.
Algunas personas tienen el corazón tan grande, y un amor tan abnegado que son capaces de perdonar cualquier cosa, incluso el no tener exclusividad en el amor, aunque estos corazones amen sólo a una persona durante toda la vida.
Algunas otras, tienen el corazón tan grande y son dueñas de un amor tan poderoso, que son capaces de amar con la misma intensidad a dos personas al mismo tiempo.
Cada uno de estos tipos sufren por su condición, y se disputan eternamente quiénes cosechan las heridas más profundas, como si la condición de sufrimiento hiciera a su amor más noble.
Analía dejó a Andrés.
Andrés quedó nuevamente con el corazón destruido.
José decidió casarse con Lucrecia.
Lucrecia desposó al hombre que siempre había amado.
Analía y José nunca se dejaron, ni estuvieron libremente juntos.
Lucrecia nunca quiso enterarse que existía otra mujer.
Todos, en algún momento, murieron un poco por causa de ese amor.
En esa misma época y desde hacía unos años, Analía salía con José, el hombre al que amaba con toda su alma.
Por esos tiempos y durante casi toda la vida de ambos, José y Lucrecia eran novios, amigos, amantes, pareja, y dentro de poco marido y mujer.
Lucrecia amaba a José desde siempre. Él había sido su único hombre, tan sólo porque con él bastaba. Él la llenaba por completo, a su lado no precisaba de nadie más.
En algún momento de su envidiable relación, José conoció a Analía, y fue víctima de su dulzura y simpleza, de los aires de vida eterna que emanaban de su ser. No pudo evitar enamorarse de ella, aunque tampoco pudo lograr dejar de amar a Lucrecia.
Analía conocía las reglas del juego. Nunca se había quejado, nunca le hizo falta. Por lo general le bastaban las sobras del tiempo de la otra relación, y cuando no era así, sólo dejaba pasar los días.
Cuando Analía conoció a Andrés, comenzó a cuestionarse las bases del amor, a exigir tiempos y partes. Encontró a un hombre que le daba todo lo que necesitaba y aún más. Lejos de conformarse con eso, necesitó que José le diera todo aquello que para ella era absoluta novedad.
Algunas personas tienen el corazón tan grande, y un amor tan abnegado que son capaces de perdonar cualquier cosa, incluso el no tener exclusividad en el amor, aunque estos corazones amen sólo a una persona durante toda la vida.
Algunas otras, tienen el corazón tan grande y son dueñas de un amor tan poderoso, que son capaces de amar con la misma intensidad a dos personas al mismo tiempo.
Cada uno de estos tipos sufren por su condición, y se disputan eternamente quiénes cosechan las heridas más profundas, como si la condición de sufrimiento hiciera a su amor más noble.
Analía dejó a Andrés.
Andrés quedó nuevamente con el corazón destruido.
José decidió casarse con Lucrecia.
Lucrecia desposó al hombre que siempre había amado.
Analía y José nunca se dejaron, ni estuvieron libremente juntos.
Lucrecia nunca quiso enterarse que existía otra mujer.
Todos, en algún momento, murieron un poco por causa de ese amor.
lunes 13 de octubre de 2008
Con banda sonora
Esa música la transportaba, y ¿qué podía hacer al respecto? La escuchaba por entonces, cuando ya casi no eran ellos. Pero el sólo hecho de escuchar la melodía la regresaba al calorcito del verano que comenzaba, a la armonía del hogar construido por ella, o por los dos, o por ella.
Antes, esta música le recordaba a cuando él estaba, ahora le recuerda los momentos en que lo recordaba, y al calorcito de verano invadiendo su vida de buen humor y añoranzas de cambios.
Cuántos momentos inolvidables que no se desligan de sus bandas sonoras, su vida pasa al compás de la música, para cada momento un tema, una canción, una melodía. Y vive el presente y el pasado al mismo tiempo cuando escucha la música, su banda sonora.
Y el futuro siempre se proyecta en el silencio, y esa es la mejor parte: no saber cómo sonará su vida, qué melodías acompañarán sus momentos; pero tiene la certeza de que cada momento, cada acción y cada palabra estará embebida en su universo paralelo y musical, y por eso cada instante será siempre de ella.
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